O Culto no solo es un colectivo de música electrónica, sino un catalizador para la escena underground del sur de Chile. Desde su primera fiesta en mayo de 2015 hasta su última celebración en 2025, su enfoque en la curaduría musical y la calidad sonora los convirtió en un referente. Ahora, al cerrar este ciclo, sus miembros reflexionan sobre su legado y lo que sigue para el proyecto.

La historia de O Culto comenzó de manera espontánea, con reuniones entre amigos y amantes de la música electrónica en Temuco. Uno de sus fundadores, Christopher Langdon, que en ese momento vivía en Santiago, vio la falta de espacios para desarrollar este tipo de propuesta en el sur y comenzó a viajar mensualmente para organizar eventos. Así se gestó el primer ciclo itinerante, que con el tiempo evolucionó en un colectivo con una identidad propia, en la que la cultura de club y la selección musical se fusionaron en un todo.

O Culto no se limitó a un género específico. Desde sus inicios, el colectivo apostó por la exploración sonora sin restricciones, nutriéndose de la diversidad de artistas invitados y de la evolución de sus propios miembros. Con el tiempo, la alineación del colectivo se definió con cinco DJs principales (Banchi, Matías, Renzo, Luciano y Chris), cada uno con un estilo propio, lo que generó un melting pot de sonidos en constante movimiento.

O Culto también se consolidó como un espacio de formación y experimentación. «Nos nutrimos de nuestros invitados, consumimos música de todas partes y aprendimos que no hay límites ni etiquetas en la música», reflexiona uno de sus miembros. Este aprendizaje y apertura fueron esenciales para el crecimiento del colectivo y su impacto en la escena nacional.

Como en cualquier proyecto de largo plazo, O Culto enfrentó desafíos. Uno de los momentos clave fue definir los roles dentro del colectivo. «Intentamos involucrarnos todos en la producción de los eventos, pero nos dimos cuenta de que era más eficiente separar la organización técnica de la parte artística», comentan. Con el tiempo, se estructuró un equipo de trabajo que permitió desarrollar eventos de manera más profesional sin perder la esencia.

Otro paso significativo fue la creación de O Culto Records, un sello discográfico que amplifica el trabajo del colectivo más allá de los eventos en vivo. Aunque solo algunos miembros participan activamente en el label, todos se sienten representados por esta extensión del proyecto.

El legado de O Culto va más allá de sus fiestas. Su apuesta por la calidad y la constancia sentó un precedente en Temuco y otras ciudades del sur de Chile, demostrando que es posible desarrollar una escena electrónica sin seguir moldes preestablecidos.

«Hacer esto en Temuco nos permitió trabajar desde nuestra esencia, sin presiones externas ni estándares comerciales», explican.

Uno de los logros más significativos de O Culto en sus últimos años fue la apertura de Círculodos, un club que operó como un proyecto personal de uno de los integrantes del colectivo. Este espacio, que funcionó durante todos los viernes de 2024, fue mucho más que un lugar para bailar: se consolidó como un hito en la escena electrónica de Temuco, generando un antes y un después en la ciudad.

Con una propuesta fresca y arriesgada, Círculodos se distinguió por su curaduría musical, ofreciendo una programación que combinaba lo mejor de la música electrónica local e internacional. DJs y productores de renombre pasaron por su cabina, forjando una relación auténtica entre músicos y dancers “El club no solo fue un espacio físico, sino un refugio para aquellos que compartían nuestra visión de la música sin etiquetas ni barreras”, comenta Chris

Lo que comenzó como una propuesta más dentro de la escena local, rápidamente se transformó en un lugar icónico. El proyecto no solo permitió la exploración de nuevas sonoridades y corrientes, sino que también se convirtió en un punto de encuentro para la comunidad electrónica de la región. Con Círculodos, O Culto logró crear un espacio que trascendió las fronteras del circuito, convirtiéndose en una plataforma para la cultura, el arte y la conexión humana.

Para conmemorar sus 10 años, O Culto organizó su última fiesta en el Centro Araucaria de Camino Maquehue, un lugar emblemático para el colectivo. Con una programación de 20 horas continuas de DJ sets, el evento buscó reunir a la mayor cantidad posible de artistas que han sido parte de la historia.

Si bien este es el fin de los eventos itinerantes mensuales, los miembros no descartan volver en otros formatos. «No nos cerramos a hacer eventos ocasionales, como showcases o aniversarios», explican. El futuro de O Culto ahora se centrará en su sello discográfico, manteniendo vivo su compromiso con la música y la cultura underground.

Con una década de historia, O Culto deja una huella imborrable en la escena electrónica del sur de Chile. Su legado continúa en los artistas que crecieron junto a ellos y en una comunidad que, sin duda, seguirá bailando al ritmo de su espíritu.